Soñé con esos ojos, (sí, esos benditos y hermosos ojos) y les dije que, aunque no lo aceptaran, los quiero más de lo que incluso pueden imaginar, ellos saben que los ojos que a mí pertenecen, no son tan bellos como ellos, ni tan hábiles, ni tan diamantes. Esos ojos me miraron, yo los besé.
A veces me duele la envidia que tengo de esos ojos, envidia de su majestad, de que sean perfectos. ¡Qué ojos!
¿Será que lo odio todo, que detesto lo que tengo y envidio con ira lo que carezco? ¡Qué ojos!
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